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Parto en Embarazo Semana 37

⇒  Embarazo semana a semana – Reposo absoluto

El reposo absoluto es la cosa más desesperante y aburrida que se pueda imaginar nadie. No poder agacharte ni tan siquiera a coger un calcetín del suelo hace que los días pasen lentamente y que no puedas parar de pensar en ese momento que se acerca, el parto, sin saber muy bien cuando, es como el que espera un tren sin horario ni destino conocido.

⇒  Amenaza de parto prematuro

Después de los tres días del hospital ya me encontraba mucho mejor y al ser mi actividad casi nula, y digo casi porque por lo menos me dejaban respirar, la situación había vuelto a un punto de tranquilidad. No tenía dolor, no notaba contracciones y parecía que después del susto todo podría transcurrir normal hasta la semana 40.

Mi ginecólogo me vio una semana después de salir del hospital,  me puso las correas para monitorizar el latido cardíaco del bebé durante unos 20 minutos aproximadamente y comprobar que no existían alteraciones ni contracciones por mi parte, que provocaran sufrimiento fetal. Todo iba de maravilla yo me encontraba mucho mejor y aunque por todo el proceso que había pasado la nena solo había engordado 500 gr., cada vez más su peso me hacia pensar en que si aguantaba hasta la semana 40 iba a salir pidiéndome un bocadillo de jamón en lugar de leche.

Los días transcurrían lentos pero muy tranquilos, tras la última revisión, el ginecólogo me había dado permiso para que por las mañanas paseara 15 minutos por la calle para no quedarme muy floja de cara al parto y el resto del día me lo seguía pasando teniendo que dar ordenes a mi madre y a mi mujer cuando venía del trabajo.

Un domingo después de dos semanas del ingreso, celebrábamos el cumpleaños de mi madre, mi padre y una de mis sobrinas, y acudimos a comer.
Después de la comida empecé a encontrarme algo mal, como si algo no me hubiera sentado bien y le pedí a mi mujer que volviéramos a casa para poder tumbarme un rato.

Al llegar todo volvió a empezar, comencé a sentir ese dolor sobre las caderas, esa presión sobre la parte baja y esas continuas ganas de devolver. De momento no sentía contracciones de parto, pero conforme fue avanzando la tarde y a lo largo de la noche la cosa se complicaba y yo tumbada en la cama no hacía más que pensar que en cualquier momento rompía aguas, me ponía de parto y la niña salía. De vez en cuando palpaba las sabanas y la parte trasera de mi pijama por si había habido algún escape y no me había dado cuenta, como si romper aguas fuera derramar unas gotas de agua, bendita ignorancia.

A la mañana siguiente al ver que todo seguía igual me fui directa a ver a mi ginecólogo, el cual me monitorizó y me exploró. Al ver el resultado del monitor su cara reflejaba tranquilidad y me dijo “pero si no tienes casi contracciones” a lo que le contesté, “pues entonces no se que me pasa, pero yo me encuentro tan mal como la otra vez”, “anda ven que te explore” ahí su cara cambió, resopló y agitó su mano y me dijo “estas dilatada de casi 4 cm”,  yo solo pude tragar saliva.

“Como vives enfrente del hospital y el jueves cumples las 37 semanas, vamos a intentar aguantar para que no tengamos que meter a la niña en la incubadora un tiempo por protocolo, así que el miércoles te vienes y te veo otra vez y si hay alguna novedad me llamas que mientras tu cruzas yo llego”

⇒  Días antes al parto

Ya estaba, ya había llegado el momento, era lunes, como mucho sería el jueves el parto, no pasaría más, no me tenía en pie, me flaqueaban las piernas, tenía mucho miedo y quería gritar llamando a mi mama. Sabía que tenía que salir, nadie me había engañado diciendo que si era buena y me portaba bien se teletransportaría desde mi interior a la cunita del hospital, pero el vértigo que sentía en ese momento era inevitable.

El miércoles al acudir a la cita me encontraba tan mal que no paraba de vomitar y solo quería que me la sacaran, ya ni vértigo ni leches, si hubiera podido hubiera empujado en la sala de espera de la consulta del ginecólogo, porque cada vez que gastaba fuerzas vomitando le decía a mi madre “si no me van a quedar fuerzas ni para parir” y mi mujer en su aparente mezcla de tranquilidad y emoción me decía “tranquila que si tu  no puedes ya te la sacan ellos” y eso no es que me tranquilizara mucho la verdad…

Me dijo el ginecólogo: “Esta noche cenas en casa tranquila y después cruzas, ingresas y mañana a primera hora iremos a por ti y a estas horas ya estarás con tu niña” ¿mi niña? He hablado tanto tiempo con ella a lo largo de estos meses que parece mentira que todavía no sepa como es su cara, que todavía no sepa como huele su piel, que todavía no haya podido abrazar su cuerpo, mañana…

⇒  Ingreso en el hospital

Esa noche cruzamos al hospital cada cual más nerviosa, rellenamos los datos del ingreso y los cuestionarios de datos que te dan en la planta de maternidad y nos abrieron la habitación. Al ser un hospital privado, puedes reservar previo pago unas habitaciones algo más grandes si lo consideras necesario y así lo habíamos hecho puesto que las familias son grandes y sabíamos que las visitas iban a ser muchas.

La enfermera nos explico que por la mañana nos llamaría la matrona para avisarnos de que venía el celador a recogernos y que ahora debía ponerme la lavativa y no beber ni comer nada más.

Mi mujer estaba tan nerviosa que quería dormir vestida por si no le daba tiempo a cambiarse antes de que llegará el celador, aguantándome la risa la intente tranquilizar y le ayude a organizarse todo de cara a la mañana siguiente para que todo fuera más rápido. Apagamos la luz pronto, queríamos dormir un poco, lo íbamos a necesitar, pero antes aprovechamos para abrazarnos un rato, decirnos lo mucho que nos queríamos y reflexionar sobre la nueva aventura que empezaba en la que ya no seríamos solo nosotras, ya habría siempre alguien más.

⇒  Parto

partoEl teléfono sonó sobre las seis y cuarto y nos arreglamos para bajar al quirófano. Al salir de la habitación en la camilla todo te sigue pareciendo tan raro, como si en el fondo no fuera contigo, como si fuera una película. Al llegar a la sala de dilatación la matrona se presentó, me monitorizó y me cogió la vía, me conecto el gotero con Oxitocina y me rompió la bolsa, “las aguas están limpias” nos dijo, esa sensación del líquido cayendo es algo curiosa.

Al rato llego la anestesista que comenzó el proceso de la epidural, no es algo nada agradable, realmente no sientes un gran dolor, un pinchacito y como un pellizco con algo de presión, pero del estado de estrés me maree un poco. Una vez puesta a través del catéter te van introduciendo la medicación y se supone que vas dejando de notar las contracciones, que cada vez son más intensas por el efecto de la oxitocina, pero en mi caso no fue del todo bien, la epidural se lateralizó y el lado izquierdo lo tenía totalmente dormido, mientras en el derecho sentía cada contracción de manera algo atenuada pero dolorosa. Intentamos poniéndome de lado, moviendo un poco el catéter e incluso añadiendo otro tipo de medicación pero en ningún momento del parto se consiguió eliminar por completo el dolor del lado derecho.

Cuando llego mi ginecólogo yo ya estaba casi totalmente dilatada, pero todo no iba a ser tan sencillo, nuestra pequeña estaba mirando hacia arriba en lugar de mirar hacia abajo por lo que no acababa de encajarse del todo para salir, así que pasamos unas cuantas horas con contracciones, dilatada totalmente y empujando con manipulaciones por parte del médico y la matrona para conseguir que se acabara de colocar para salir.

Al final, cuando ya parecía que estaba en una posición mucho mejor fuimos al quirófano, llegaba el último momento, el parto, ahora lo recuerdo como muy lejano e incluso difuso. Le vi como cortaba, se ayudo de la ventosa para conseguir girar totalmente a la niña y después de quitarla me dijo eso de “empuja”, era mi momento de hacerlo bien, “concéntrate, tu puedes hacerlo” me repetía, la matrona empujaba sobre la barriga, mi mujer me empujaba desde los hombros y yo parecía Goku sacando mis superpoderes. Un segundo “empuja” y cuando ya estaba a punto de gritar “Kame Hame…” oí como me decía “ya esta, ya esta aquí y viene llorando”, abrí los ojos y apareció de entre mis piernas, me la dejaron encima sobre mi barriga y le toque la carita y las manitas con sumo cuidado.

partoFue un momento muy rápido y del esfuerzo y la tensión no podía ni hablarle, me brotaban las lágrimas sin cesar, solo le repetía “hola hija, hola Vera, hola, hola…”tantos meses contándole mil cosas y ahora no me salía nada más. Se la llevaron a pesar y a limpiar mientras a mi me cosían y mi mujer se fue con ella. Cuando la tenían lista se la dieron en brazos y le dijeron “toma tu hija” todavía recuerdo el brillo en sus ojos y la conexión que surgió entre ellas, creo que se le paro el mundo y en ese momento solo estaba ella y la niña en sus brazos. Tuve que despertarla de su sueño para pedirle que me la trajera, todavía no le había podido dar un beso, era tan pequeñita…

Me pasaron a la camilla y mi mujer me la dio, la cogía por primera vez en brazos, ahora estaba más serena y la abracé mientras le hablaba y la tranquilizaba, en ese momento me dí cuenta de que era la segunda vez que me había enamoraba a primera vista, la primera vez fue a la salida de un ascensor hacía ya diez años y la segunda había sido hacia treinta minutos al verla aparecer entre mis piernas, los dos flechazos de mi vida.

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8 Comentarios
  1. Gracias por contar vuestra experiencia, me ha gustado mucho.

  2. gracias por los comentarios chicas

  3. Enhorabuena chicas!! disfrutarlo muchísimo. Nos encanta vuestra historia.
    Besitos

  4. […] si, ya hace un año que nos conocimos, un año de aquel maravilloso día (aquí post del parto) que rápido ha pasado este año. En general últimamente se me pasa el tiempo volando, cuando te […]

  5. […] Cuando Vera nació fue unos de los días mas especiales y felices de nuestras vidas, cuando la vi por primera vez pensé que era preciosa y desde ese momento me enamoré de ella. (leer aquí el post del parto) […]

  6. […] Aquí podéis leer como fue nuestro día del parto. […]

  7. Muchas gracias Sonia, estamos viviendo un momento muy especial, no sabíamos con una sonrisa suya se podía sentir tanto y ser tan felices. Otro abrazo para vosotras

  8. Ohhhh!! Enhorabuena chicasss!! Ayyy qué emoción…revivo mis parts y el de mi mujer cada vez que leo partos de otras mujeres. No dejeis ni un segundo de mirarla porque el reloj corre muy deprisa 😉 Disfrutad cada gesto, cada momento se va y no regresa. Abrazos de corazón!!

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